Invisibles.
El viento sopla con fuerza y la fina capa de nubes que vuela sobre la ciudad dibuja y redibuja el cielo. Azul y traslucido, aveces opaco, siempre cambiante.
Salgo de las profundidades. Acostumbrado a las débiles y tintineantes luces del subsuelo, el impacto del Sol es fuerte. Entreabro los ojos, la luz impacta con fuerza en mis retinas, no puedo evitarlo; estornudo. Siento como se aparta de mi un transeúnte. Cada día mas maniáticos, cada día mas mascarillas, cada día mas guantes, cada día mas ausentes.
Al principio pensé que era paranoia, con el tiempo me rendí a la idea de la apatía. Siempre esquivando las miradas, esas caras sin definir, ni tristes ni alegres, simplemente ausentes. Basta con levantar la cabeza cuando vas en el vagón y la dirección de las miradas cambia, el arco que forman los labios se relaja y en esa persona ya no hay nada, por lo menos nada con lo que puedas conectar.
Con aquella primera alerta llegaron las mascarillas, con los rumores de fotosensibilidad las gafas, cuando todo se olvidó, permanecieron las mascaras. Un ejercito sin rostro ocupaba las calles, una multitud de cuerpos desconocidos fluía por las venas de una ciudad sin identidad. En los oídos una música sin alma y en los libros texto sin sentido.
La comunicación es constante, pero nunca con el que tienes delante. Impenetrables e indescifrables, ocultos por completo. Cuando alguien sonríe ya nadie aparta la mirada o elimina su expresión, simplemente es invisible. Es el Burka de la tecnología impuesto por el miedo irracional.
Notas sobre ciencia ficción que ya quedó atrás. (Aislamiento)
dT.
Fotos iPhone.









